Amargasaurus tenía un gran problema, nadie quería conversar con ella pues tenía una mala reputación, se decía que tendía a ser grosera y altanera, enojona y… obviamente amargada; ella no entendía el por qué de esas ideas, ella jamás había tratado mal a nadie, era una dinosauria ejemplar, pero como nadie se acercaba no se le daba la oportunidad de demostrar lo contrario.
Un día mientras Amarga (como nos referiremos a ella desde ahora) vagaba por las praderas buscando arboles bajos de los cuales conseguir alguna fruta o mordisquear las ramas y disfrutar del dulce sabor de las hojas por la mañana, ella sabía que las hojas perdían ese sabor tan especial si las comía por la tarde, jamás supo de que se trataba específicamente, pero sabía que algo debía cambiar.
Ella comía sin preocupaciones sus hojas y frutas mientras a unos cuantos metros, detrás de un gran arbusto le miraban un par de ojos con gran curiosidad, se trataba del C. Román On, uno de los que entre los dinosaurios conocían como vara andante, dado a su peculiar modo de andar por la tierra, siempre sobre dos extremidades.
Cada minuto se le hacía más complicado a Amarga el conseguir las frutas y hojas, pues estas estaban cada vez más alto en el árbol, por lo que decidió cambiar de “proveedor”, así fue como giro la cabeza y se encontró con un arbusto repleto de suculentas moras, se dirigió de prisa a él y comenzó a seleccionar las que parecían mas jugosas, no tardo unos minutos en enterarse que detrás del arbusto había alguien observándola, así que dejo de alimentarse y se dirigió al otro extremo del arbusto; Román, al percatarse de que ella venia hacia él, se escondió dentro del arbusto para protegerse pues no sabía si podría estar furiosa; Entonces Amarga, viendo que incluso la vara andante se ocultaba de ella, se puso a llorar desconsoladamente haciendo caer al piso gotas de lagrima del tamaño de pelotas de base-ball (Román era de las grandes ligas de ese entonces y por eso es que puedo constatarlo ¬¬), después de unos minutos de verla llorar, Román decidió salir de su escondite e ir a saludarla, comprendió que había sido descortés y probablemente ella solo quisiera saludarlo, así fue que le dirigió la palabra diciendo “Hola, que tal, cómo te llamas?”, Amarga se limpio las lagrimas y lo volteo a ver con cara sorprendida mientras intentaba contestar pero no podía pues su garganta tenía un nudo enorme, Román le dio a tomar agua que tenía en su cantimplora y ella pudo al fin contestar a la pregunta, “Hola, soy Amargasaurus, pero puedes decirme Amarga, todos me llaman así”, Román confundido por el curioso nombre de la dinosaurio le dijo “vaya nombre, seguro te será difícil conseguir amigos, no es así?”, a lo que Amarga respondió “Si, por eso es que lloraba, creí que tu también escaparías de mi como lo han hecho todos y cada uno de mis parecidos”, Román mas sorprendido le aclaro “a mí no me pareces amarga en absoluto, al contrario, me pareces una dinosauria bastante agradable y mira que no le digo esto a muchas dinosaurias”, Amarga se echo a reír por el tono pícaro con el que Román decía esto último.
Así fue que tuvieron una conversación larga y sin sentido donde tanto Román como Amarga daban a conocer datos acerca de ellos como de donde provenían, de que se alimentaban, que hacían para divertirse, ente otras cosas, esto fue hasta que el sol comenzó a caer entre las montañas, Amarga viendo esto, le dijo a Román que tenían que irse, que la pradera no era un lugar seguro por las noches, con esos bandidos en motocicleta a los que conocían como los Veloces Raptores y que el Teniente Rex poco podía hacer en contra de ellos pues no podía correr grandes distancias por un ligamento roto en sus años de clavadista olímpico; entonces se despidieron y Román, un poco sonrojado, le propuso a Amarga ir a nadar al rio a la mañana siguiente, ella no pudo hacer otra cosa más que aceptar la invitación y salir corriendo a su madriguera, Román la vio partir y se fue a su cueva a contarle a los demás como se habían conocido y lo linda que le parecía.
A la mañana siguiente ellos se encontraron en el rio y se divirtieron como nunca jugando a marco polo y a ver quien llegaba al otro lado del rio antes, y ese fue el comienzo de una larga y bastante peculiar amistad entre una dinosaurio y un hombre.











